¿Por qué siempre dejan la puerta abierta en la calle Cartagena? Lo pregunto, porque debe ser la única calle de Madrid en la que siempre hay corriente. Lo sé, porque últimamente la recorro a menudo. Pues bien. Caminaba anoche, a eso de las 11 de la noche por esta calle de vendavales frecuentes, mientras miraba mi reflejo en los escaparates. Andaba yo riéndome de mí misma. Con mi gorro granate de pelos, la enorme bufanda culminada por cuatro bolas, las bolsas con mi cena (reflejo de mi enemistad con la cocina), los textos de las últimas locuciones, mi nueva cámara de fotos y la guitarra a la espalda. “¿Qué parezco? ¿Una especie de tortuga? Igual sí. ¡Llevo todo encima!”.
En medio de divagaciones y coqueteos con los cristales, me adelantaron dos chicas, c
uyo tema de conversación (‘parejas’) merecía mi atención. Afiné el oído (“también parezco una portera” ¡Un saludo para las porteras!). Y ahí estaba su frase: “Que conste que no lo hice a propósito”... “¡Que conste!”, pensé. ¿Dónde consta? ¿Para qué consta? ¿Para quién? Parece que hemos creado el “que conste” para justificar meteduras de pata. Como si fuera una especie de justificante, un ‘borrador de errores’, un eximente ante el juez. “Que conste que no lo hice con mala intención”, “que conste que yo lo vi primero”, “que conste que no es mala persona, pero...”, “que conste que no lo hice por egoísmo”, “que conste que no he cambiado”, “que conste que empecé con él/ella después de dejarte”, “que conste que no pensé que eso te hiciera daño”...
uyo tema de conversación (‘parejas’) merecía mi atención. Afiné el oído (“también parezco una portera” ¡Un saludo para las porteras!). Y ahí estaba su frase: “Que conste que no lo hice a propósito”... “¡Que conste!”, pensé. ¿Dónde consta? ¿Para qué consta? ¿Para quién? Parece que hemos creado el “que conste” para justificar meteduras de pata. Como si fuera una especie de justificante, un ‘borrador de errores’, un eximente ante el juez. “Que conste que no lo hice con mala intención”, “que conste que yo lo vi primero”, “que conste que no es mala persona, pero...”, “que conste que no lo hice por egoísmo”, “que conste que no he cambiado”, “que conste que empecé con él/ella después de dejarte”, “que conste que no pensé que eso te hiciera daño”... Y digo yo, ¿dónde consta? ¿Existe una especie de libro gigante en otra dimensión donde constan todos es
os eximentes, esos justificantes que se entregan para que nos encojamos de hombros y digamos: “bueno, si consta...”? Quizá, dentro de unos años, todos acabemos cogiendo ese gran libro donde figuran todos las constancias que nos dijeron y nos quedaremos más tranquilos. “Se portó mal pero... ¡mira! Hizo constar que...”. Al fin y al cabo, todo lo malo tiene una justificación buena, que es la que consta en acta.
os eximentes, esos justificantes que se entregan para que nos encojamos de hombros y digamos: “bueno, si consta...”? Quizá, dentro de unos años, todos acabemos cogiendo ese gran libro donde figuran todos las constancias que nos dijeron y nos quedaremos más tranquilos. “Se portó mal pero... ¡mira! Hizo constar que...”. Al fin y al cabo, todo lo malo tiene una justificación buena, que es la que consta en acta. Bien mirado, o jugamos todos o rompemos la baraja así que... Que conste que esto no es una crítica, que conste que sólo escribo teorías porque las experiencias están para vivirlas y que conste que buscaré ese libro de las constancias para encogerme de hombros y repetir: “Bueno, si consta...”.









