martes, 29 de julio de 2008

Aproximación convencional

Me pregunto por qué nadie habrá escrito un manual del ligoteo. Y si lo han escrito, ¿por qué nadie lo consulta? ¿Es que no hay una edición actualizada? ¿O es que sólo tratan las aproximaciones más extrañas? Los controladores aéreos estudian la “aproximación convencional” como una de sus asignaturas más complicadas… Su definición es: "Servicio de control aéreo que se presta, sin la utilización de un radar, a las aeronaves que se aproximan o alejan de un aeropuerto desde o hacia la fase de vuelo en ruta". Y yo me pregunto: ¿Esto no es el más fiel reflejo de determinados momentos de la vida? ¿Debemos pedirles los apuntes para saber cómo llevar a cabo esa aproximación sin ayuda de un radar?



El otro día, un oportuno “Perdona, sólo quería pedirte que des la enhorabuena a tus padres”, me hizo pensar en esto (el que el autor de tan galante frase se montase en un flamante descapotable, me hizo pensar aún más). No estaría mal que los solteros del mundo depuren un poquito más su técnica, a no ser que quieran ser roto para los miles de descosidos que existen.

Trataré de hacer mi pequeña contribución, que no es otra cosa que un acto egoísta de evitar aguantar a quien parezca descendiente de los osos amorosos o a quien cree que una conversación está compuesta por dos frases. Aquí van ejemplos de lo que “sí” y lo que “no” se debe hacer en las “aproximaciones”.

Lo que NO:

  • Hacer un chiste con el nombre. Está demasiado visto y demuestras dos cosas: poca originalidad y poco tema de conversación.

  • Decir eso de: “a mi amigo le interesa tu amiga” y luego pedirme el número del teléfono. Demuestras que tienes amigos sin fluidez verbal y que darás rodeos para todo en esta vida. Pero una no está dispuesta a perder tiempo con más expertos en marear la perdiz y síndromes infantiloides.

  • Invitar a una copa. Demuestras dos cosas: eres una especie de zombie que cree vivir en el siglo XIX y que no sabe que cuanto más alcohol, más borde.

  • Fingir ir de guaperas sobrado o “liga-nenas”, cuando los dos sabemos que con dos palabras bien elegidas saldrás huyendo con las orejas gachas.

  • Pedir el teléfono una noche y llamar al día siguiente. ¡Al día siguiente! Este error es uno de los más habituales.

  • Agarrar por la cintura sin permiso. Utilizarás las manos cuando te lo pida.

  • Adular… Si adulando piensas que necesito una voz masculina para hacerme sentir mejor conmigo misma, te equivocaste de persona.
Lo que SÍ:

  • Practicar la “aproximación convencional”.

  • Si consigues decir una frase lo suficientemente inteligente como para sorprender, lo suficientemente irónica como para hacer sonreir y sabes decirla en el momento oportuno… En el bote.

  • Saber hablar cuando hay que hablar, callar cuando hay que callar y…

  • Y, como dice el manual de los controladores aéreos, si “frustras” el aterrizaje… sube y vuelve a intentarlo. (A no ser que la torre de control te pida que intentes aterrizar en otro aeropuerto, que el intento fue tan malo, que es mejor dejar la pista libre para el siguiente avión).
No creo que deba extenderme más porque se perdería la magia del “ensayo y error”. Además, hay quien tiene suficiente intuición como para hacerlo bien sin ayuda. Ánimo, y sigue por ese camino.

martes, 22 de julio de 2008

Música. Sólo música

“Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento…” (Franco Battiato)

Cinco hadas rockeras, un pianista virtuoso, un guitarrista sexy y su voz: el combinado perfecto para que sorpresa y perfección se den la mano. Gracias a nueve músicos y una voz. Que sí, que la música puede sorprender, por encima de absurdos prototipos de rock-poperos que ni rock, ni pop… ni una letra que diga algo más que estupideces en rima asonante. Más bien, un vuelta de tuerca más en esa mezcla de músicas del mundo y canción italiana envuelta en pop y rock. ¡En rock!

Es increíble. Normalmente, cuando me enfrento a escribir sobre un grupo, sobre un disco, sobre un concierto, las palabras fluyen y fluyen. Esta vez me quedé en blanco porque hay sensaciones que no se escriben. Que no deben escribirse. No hubo charleta ridícula entre canciones, ni chistes malos, ni hubo larga e innecesaria presentación de la banda… Ni si quiera hubo espantosos saltos sobre el escenario. Sólo hubo música. Perdón, MÚSICA.

"Vivir no es muy complicado, si puedes renacer después y cambiar varias cosas... Las frivolidades y tanta estupidez...". Pues eso, nada más que añadir.

jueves, 17 de julio de 2008

Vuelo AF2003, a punto de despegar...

Última llamada para el vuelo AF2003. Creo que es el mío. Cuesta no mirar alrededor. Esperas, retrasos y “tiempos muertos” (ridícula expresión). Agotadoras carreras de quien cree que puede perder el siguiente avión. “¿Llegará a tiempo?”, te preguntas mientras miras con atención la pantalla y cruzas los dedos para evitar un “delay”.

Así son los aeropuertos. Lugares anodinos y fríos pero puntos de conexión de nervios empresariales, “relaxes” vacacionales, reencuentros amistosos, despedidas más o menos rutinarias, huidas a ninguna parte… Entre carreras y largos tiempos muertos transcurre la vida. En el aeropuerto. A no ser que te suceda como a Tom Hanks en ‘La Terminal’, y esa vida se convierta en un agónico y prolongado standby. Precisamente hace poco conocí a un grupo de mexicanas que llevaban dos días en ese standby, atrapadas en ‘algún sitio’ entre Chicago y Beijing, en busca de ‘alguna parte’. Algunos se quedan en ese punto, en ese standby, por miedo a viajar, y ni siquiera se han dado cuenta de que lo están.

Excesos de equipaje, controles, precintos y registros. Comienza la agitación. Hay quien no está preparado para las trabas del aeropuerto. Para llegar a tu destino, es posible que tengas que deshacerte de ciertos objetos personales que –sin saber por qué- alguien decide que no pueden viajar contigo si quieres viajar con esa compañía ‘aérea’. ¡Vaya! Pensaste que algo tan delicado y personal podría seguir viajando contigo. Siempre. Pero esa compañía con la que has decidido viajar no te permite llevar algunos cachivaches. Te resistes, te justificas, explicas lo necesario de llevarlo, hasta tratas de negociar y finges una docilidad inocente que no engaña a nadie. Pero tres pitidos del detector y el gesto cortante del “controlador” son suficientes para que tires la toalla (una vez más). Debiste pensarlo antes, porque hay cosas incompatibles. Si te fijas bien, verás los controles policiales repletos de gente que no pasa al otro lado. Eso es porque más de uno ha dejado a algún amigo en el control por exigencias de la compañía (de bajo coste, claro!). “Ya nos veremos, si eso, a la vuelta”… O tal vez no. Seguro que no.

Una vez superado este proceso, la vida ¿en el aeropuerto? te sigue sorprendiendo con más trabas. Elegiste mal la compañía. Vale. Te has empezado a dar cuenta. ¡Arggg! Tú que miraste el mejor modo de viajar, no te diste cuenta de que esa compañía era la más cutre. “¿Por qué lo hiciste?”, te preguntas. Porque estaba más a mano, porque era la más barata o porque la compra era más fácil… ¡Error! ¿No te diste cuenta de que, por muy buena pinta que tuviese, no te darían manta y almohada? Todo el mundo te lo advertía, pero no hiciste caso hasta que comprobaste en tus carnes que, aunque parecían majas esas azafatas, a la hora de la verdad, en ese poco-confortable asiento ¡no tienes ni un cacahuete que llevarte a la boca!

Cuando llega el momento de las escalas, la cosa puede empeorar. Un nuevo aeropuerto, otro standby, más carreras, maletas… Elegiste mal la compañía, y ahora tienes que ir del triste y solitario Orly al imponente Charles De Gaulle en apenas 30 minutos. ¡No lo puedes creer! No hay tiempo. Otras veces hay demasiado. ¿Es que esa compañía no es capaz ni de calcular el tiempo exacto? ¿No se supone que debe facilitarte el viaje en vez de complicártelo? Quizá sea el momento de intentar un cambio de compañía. Has pasado mucho frío con la anterior y no te dieron ni una triste manta.

Es demasiado complicada la vida en los aeropuertos. ¿Por qué no viajaremos en tren más a menudo? Imagino que, en el fondo, somos adictos al estrés, a jugárnosla con las compañías aéreas, a las carreras, a los controles, a las esperas y a los “¿coffee or tea?”. Creo que es hora de embarcar. Hay cambio de puerta. Feliz vueling.


En la delgada línea...

(Fecha real: 9/julio/2008)


Creo que alguna película se titulaba algo así. Lo cierto es que vivimos rodeados de líneas que a menudo bordeamos y, muchas veces sin darnos cuenta, caminamos sobre ellas. A veces incluso saltamos de lado a lado, por mucho que tratemos de posicionarnos.

¡Y jugamos con esas líneas “imaginarias” desde pequeños”! ¿Quién no ha jugado a saltar por el paso de cebra sólo pisando las líneas blancas? ¿O quién no ha caminado por una acera con baldosas tratando de evitar pisar las líneas que las unen? Yo sí lo he hecho. ¿La última vez? Esta misma mañana, atravesando las baldosas que rodean la entrada al Palacio del Infantado… Y lo he hecho dando saltitos, ante la sonriente mirada de un chico que, con un gesto cómplice, ha hecho lo mismo que yo (seguro que, en secreto, también lo echaba de menos). Cuando pasan estas cosas uno se da cuenta de que todo el mundo tiene un pequeño payaso dentro (sólo hace falta rodearse de gente que nos de ese empujoncito para sacarlo).

Pero lejos del juego, vivimos bordeando líneas. Otras líneas. Las que separan la cobardía del egoísmo, la confianza en uno mismo de la prepotencia, la amistad del amor, el amor del odio (perdonad que no comparta eso de que el odio es una forma de amor) o incluso el odio de la indiferencia. Líneas como las que separan un flirteo de una relación, una amistad tardíamente retomada de un “ya es tarde”, un error de una traición, la confianza de la ingenuidad o el olvido de la dejadez.

El caso es que caminamos siempre sobre esas delgadas líneas y, de vez en cuando, no es mala idea mirar el suelo y comprobar qué líneas se cruzan bajo nuestros pies y sobre cuáles estamos caminando. Quizá, muchas veces, nos llevemos grandes sorpresas. ¿En qué lado estás tú?

¿Podemos?

(Fecha real: 30/junio/2008)


España gana la Eurocopa y parece que, por un día, todo cambia. La crisis no es tan crítica, el paro se reduce y los problemas cotidianos se “livianizan” (palabro inventado). Al menos, hasta que a muchos se les (nos) pase la resaca. Resaca de ese día en el que no había cabreos, ni empujones, ni malas caras ni opiniones radicalmente opuestas… sino sonrisas cómplices, gestos desconfiadamente amables, copas a pachas (y/o pintas) e incluso abrazos con extraños que simulan sinceridad. Eso sí, todo presidido por el “Quien no pite no pase”, el “Teutón el que no bote” (en mi barrio son así de cultos, ¡qué le voy a hacer!) o el “Que bote el basurero” (ante la atónita mirada de los funcionarios de guardia).


...Y dan las 2, las 3, las 4, las 5 y las 6 de la madrugada… Y con los primeros rayos de sol continúan pitando los rezagados y los tempraneros. Y algunas banderas aún ondean. Eso sí, agotadas tras una larga noche empapada en alcohol y en pases de pecho. Y, tras una hora de sueño, sólo queda eso, que España, el 29 de junio, ganó la Eurocopa. Fin de la historia. Ahora es lunes. Ojalá cada día España ganase la Eurocopa y fuese tan fácil pensar que, cada mes que empieza, nosotros también ¿"podemos"?

Vida inteligente... en Marte, claro

(Fecha real: 29/junio/2008)

Me hacen gracia esas noticias que periódicamente aparecen en los medios sobre la posible “vida inteligente” en otros planetas. Ahora parece que algunas sustancias que la sonda Phoenix ha encontrado en Marte podrían demostrar que en el planeta vecino ha podido existir, existe o existirá algún tipo de vida. Eso sí, desde la NASA no explican si esa vida extraterrestre será “inteligente”. Seguro que no lo es, ¿verdad? Porque, claro, la única vida “inteligente” que se conoce es la de la Tierra. Una inteligencia portentosa que permite que más de medio planeta se muera de hambre, que más de medio planeta no respete la vida y que menos de medio planeta sienta que juega en “Primera División” porque, no en vano, somos el “primer mundo”.


Dicen las últimas noticias de este mundo de vida inteligente que Robert Mugabe ya se prepara para ser investido de nuevo presidente de Zimbabue. Por supuesto, todo esto después de que su opositor –que en la primera vuelta obtuvo ventaja sobre Mugabe- haya tenido que retirarse por la violencia contra sus partidarios. Será la violencia ese “derecho divino” que Mugabe cree que le otorga el poder. Un poder que retomará orgulloso viendo cómo ni el Consejo de Seguridad dela ONU se pone de acuerdo para declarar ilegítimas estas elecciones.


También se dice, en este mundo de vida inteligente, que “Somalia ya no es que esté al borde de una catástrofe, sino que el desastre lo está viviendo ahora” (Bruno Jochum, Médicos Sin Fronteras), por culpa de esa explosiva mezcla de hambruna y violencia. No os asustéis porque, en este mundo repleto de vida inteligente, se habla poco de de estos países. Y, si se habla, no se hace mucho ruido, porque mientras no secuestren nuestros barcos…


Lo más increíble y peculiar es que, en esta Tierra de vida inteligente, la FAO cifra en más de 850 millones los hambrientos en el mundo, mientras la OMS dice que hay 1.600 millones de adultos con sobrepeso. (Para los inteligentes pero lentos, eso es el doble de los hambrientos). Parece que esos objetivos que se marcaron en 1996 de reducir a la mitad el hambre en el mundo antes de 2015 ya son sólo una absurda utopía (apenas se ha reducido en 3 millones) y ahora, con la crisis alimentaria, parece que la cosa pinta cada vez peor. Pero, tranquilos, con ese porcentaje seguro que muchos tendremos la “suerte” de estar entre esos 1.600 con sobrepeso.


¿Cuáles son las soluciones inteligentes de este mundo de vida inteligente? Según el Director General de la FAO, Jacques Diouf, con 30.000 millones de dólares anuales se podría erradicar el hambre en el mundo. ¿Mucho? Una minucia teniendo en cuenta que, en 2006, este mundo de vida inteligente se gastó 1,2 billones de dólares (sí, con B de burros) en armamento y desperdició comida por valor de 100.000 millones.


Después de conocer estos cuatro datos “terrícolas”… ¿Esta es la única vida inteligente que existe? Espero que sea verdad eso de que en Marte ha habido, hay o habrá vida inteligente. Y que esa vida, de verdad, sea inteligente.

Chaturanga


(Fecha real: 28/junio/2008)

Dicen las reglas de ajedrez que se hacen tablas cuando el jugador al que le toca mover no puede hacer ningún movimiento permitido y su rey no está en jaque. Esta situación –dicen- finaliza inmediatamente el juego. Cuando esto pasa, es el momento de empezar otra partida.

Pero… ¿qué ocurre cuando el juego ha sido tan largo que, con el tiempo, has perdido piezas, algunas se han roto, hay cambio de jugador y encima se han hecho “tablas por ahogado”? Algo tan sencillo como que llega el momento de hacer ‘inventario’ si queremos seguir con ese tablero. En el ajedrez nos vemos obligados a hacer inventario con cierta periodicidad. Es como cuando un mago abre una baraja nueva después de varios trucos para que los naipes no estén tan manoseados y poder barajar mejor. En el chaturanga (su antiguo nombre), quizá se pueda rescatar algún peón para la nueva ‘batalla’ pero, a menudo, es preferible prescindir de muchos trebejos y emplear unos nuevos (a veces, esas piezas ni siquiera nos pertenecían por lo que es mejor dejar que se las lleve el jugador que se va).

En conclusión, todo apunta a que a nueva partida, nuevo jugador y, casi siempre, nuevas piezas. En ese “impass” entre la primera y segunda partida he descubierto que muchas piezas no aguantan dos torneos, así que… ¡a la basura! Hoy he hecho el último inventario antes de empezar esa nueva partida, en la que sólo quiero jugar con mis piezas, que ya están colocadas en sus escaques dispuestas a disputar mi jugada favorita: el ‘doble ataque por descubierta’. Las otras piezas, que se las lleven para jugar otras partidas porque, en la mía, ya somos 16.