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miércoles, 21 de abril de 2010

Nombres

Hay nombres que a uno se le atragantan. Que se le quedan enquistados en la garganta y que, cada vez que los ve escritos o los escucha, uno deja de tragar con naturalidad. Y el ejercicio de la respiración se hace incómodo e incluso dificultoso. Los oídos chirrían y el estómago se descoloca de su posición inicial.

También hay nombres cuyo sonido provoca ganas de cantar. Que dibu
jan una sonrisa infantil e ingenua que uno raramente puede disimular, incluso un cosquilleo en el estómago ("maripositas", que dirían los más edulcorados en esto del sentimiento). Nombres que, cuando uno los escucha en público, generan miradas cómplices, pataditas debajo de la mesa o guiños secretos.

Parecemos abocados a encontrarnos, a leer, a escuchar una y otra vez los nombres que rasgan las gargantas y atronan en nuestros oídos. Sería una de esas “leyes no escritas” que dicen que cuando uno esquiva, siempre encuentra... Y es que, como dijo alguien sabio, es absurdo meter la cabeza debajo de la tierra como un avestruz “mientras hace de su culo bandera”.

Sin embargo, buscamos los nombres cantarines por todas partes. Y, a veces, lo que realmente “canta” son nuestras ganas de que alguien los nombre. De que alguien haga sonar esa melodía, de que alguien deslice por su boca ese nombre que hace que nuestro subconsciente se ponga firme, que nos convierta en un perrillo que levanta las orejas cuando escucha la voz del amo.

Y entre nombres ruidosos de personas disonantes y nombres melódicos de personas dignas del más maravilloso nocturno de Chopin (KK IVa Nr. 16) transcurren los días. Al fin y al cabo, en la música, siempre hay disonancias, cuartas tritono (“diabólicas”, las llamaban los antiguos) y largos silencios que hacen que la obra quede completa. Da capo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Backstage

“Siempre estamos actuando sobre el escenario”. Así resumía hace años un profesor de universidad las teorías sociológicas de un autor. Para aquel sociólogo, todos somos una especie de artistas representando cientos de funciones de forma continua e inconsciente. Y la representación cambia según el público que asista a la función (“el interlocutor”, decía). Según él, es casi imposible descubrir lo que hay cuando se baja el telón. Y, en todo caso, eso se descubre en soledad.

Empecé mi fin de semana asomándome al primer backstage
. El viernes. Una panda de músicos de edad avanzada que aún disfrutan del fenómeno gruppie pese al paso de los años. Detrás del telón había un montón de frases sin sentido, un puñado de errores mal-llamados experiencias, una montaña de tropezones, de egos borrachos y de sueños tirados en un sofá con un vaso de ron entre las manos. Y dos chupas de cuero manchadas de desidia.

Sólo un día después, viajé al segundo backstage. Abrí esa brillante puerta azul y ahí estaba, esperando lejos de las guitarr
as, junto a la estufa y con la música a un volumen que bien recordaría a su última función. Detrás de aquel telón había más cordura que en el escenario. Ese backstage estaba cargado de preocupación sincera, de letras dedicadas a una interlocutora estupefacta, de una invitación cotidiana, de avispadas insinuaciones entre líneas.

Pasaron las horas y desperté camino del tercer backstage. Escondida tras mi enorme bufanda, mi gorro y unos guantes con los que enfrentar el frío que empujaba desde el norte, me encontré frente a ellos, los dos “hermanos”. Detrás de aquel backstage había exactamente lo mismo que vi semanas antes en su representación. “Las mismas caras, los mismos gestos...”, dijo alguien la noche anterior. Serenidad, ternura y locura a partes iguales. Lejos de su escenario, de su estudio, apagaban la música y encendían millones de luces. Mejores que las del escenario. Mucho mejores.

Prefiero el backstage a las luces de neón, los focos y los aplausos.

lunes, 28 de septiembre de 2009

De grande a pequeño (y viceversa)

Era un gilipollas. Así le veíais casi todos en aquella época, la de tus primeros contactos con la industria discográfica. Era un jefe. O un jefecillo. Se consideraba a sí mismo todo un “descubridor de pelotazos musicales” (bien es cierto que un par de ellos fueron obra suya, acompañados, eso sí, de otros cuantos prometedores... fiascos).
A su tendencia a la altanería se unía su costumbre de rodearse de chicas de cuerpo impresionante y cerebro fácilmente impresionable. No cogía el teléfono a músico alguno y apenas se rebajaba a hablar con quienes no tuviesen despacho propio. Siempre pensaste que era un estúpido engreído con un ego al que alimentaba con polvos blancos. Él debía pensar que tú eras esa chica callada y discreta, poco amante del protagonismo y absurdamente volcada en un grupo de mucho potencial y poca calidad, como te recordaban a menudo.
Ha pasado el tiempo, y las confluencias astrales siguen haciendo de las suyas: provocar reencuentros para demostrar que el tiempo nos recoloca contínuamente en el tablero de ajedrez. Los astros se han encargado de elegirte el lugar: un bar. A las 3 de la madrugada. Ahora, con muchas partidas ya a tus espaldas y con permiso de tu diarrea verbal, le lanzas a la cara un...“Siempre pensé que eras un gilipollas”.
De pronto, aquel gilipollas resulta ser un poco más pequeño. Te coge de la cintura y sigue encogiendo. Te das cuenta de que han cambiado los trebejos y tú elegiste la reina y él, el peón. Y, de pronto, aunque te regale su tarjeta y te hable de su puestazo en la industria, desde el que podría hacer mucho por ti, a ti ya no te interesa. Ahora es entrañable. Incluso interesante. De hecho, puede que ya no sea un gilipollas... pero a ti, eso ya no te importa.

jueves, 11 de septiembre de 2008

De gustos y personalidades

Cuando venía completamente dispuesta a hablar del acelerador de partículas, del CERN, del fin del mundo o de la respuesta (como tanto le gusta decir a la prensa) a las grandes preguntas de la Humanidad... Llega otra panda de científicos y vuelve a hablar de música... Y me he dicho: "De los 958.250 billones de blogs que deben existir, el 97 por ciento estarán hablando de los agujeros negros y de la energía que ¿puede? destruir el mundo. Así que, vuelvo a la tranquila y segura música". Porque, señores, los científicos siguen estudiando la música. ¿Tanto dan de sí cuatro acordes? Pues sí.

Ahora son científicos escoceses quienes han descubierto el "big deal": que según la música que nos guste, así somos... Por lo que he leído y conociéndome como me conozco, debo ser algo así como una mezcla de rebelde-educada-creativa-sociable-tímida-¿afable?... Si queréis participar, cual ratillas en el estudio, ya sabéis...

Los gustos musicales "definen la personalidad"
Reuters - viernes, 5 de septiembre, 12.48

LONDRES (Reuters) - Los aficionados a la música clásica y el jazz son creativos, los amantes del pop son trabajadores y, a pesar de los estereotipos, los que escuchan heavy metal son tipos amables y creativos que están a gusto consigo mismos.

Eso dice el profesor Adrian North, de la Universidad Heriot-Watt de Escocia, que ha estado estudiando la relación entre la personalidad y las preferencias musicales."La gente suele definir su sentido de la identidad a través de sus gustos musicales, llevando un tipo de ropa determinado, yendo a ciertos pubes, y utilizando determinadas jergas", dijo North.

"No es sorprendente que la personalidad deba estar relacionada también con las preferencias musicales", añadió. En el que North dijo que era el estudio más grande jamás realizado sobre los gustos musicales de los individuos y su carácter, los investigadores preguntaron a 36.518 personas de todo el mundo para evaluar su gusto musical sobre 104 estilos diferentes antes de hacer un test de personalidad.

"Los investigadores han venido diciendo durante décadas que los fans del rock y el rap son rebeldes, y que los aficionados de la ópera son acomodados y educados", dijo North. "Pero esta es la primera vez que una investigación ha mostrado que la personalidad conecta con los gustos de una amplia gama de estilos musicales".

El estudio concluyó que los aficionados al jazz y la música clásica son creativos y tienen un buen nivel de autoestima, aunque los más mayores son mucho más sociables mientras que los más jóvenes son tímidos.

Los seguidores de la música country son al parecer trabajadores y tímidos; los aficionados del rap son extrovertidos y los amantes de la música indie necesitan más autoestima y no son muy afables.

A los que le gusta la música soul pueden sentirse animados porque el estudio dice que son creativos, sociables, amables, a gusto consigo mismos y tienen un alto nivel de autoestima.

North sigue aún buscando voluntarios que participen en la investigación. Los detalles se ofrecen en la web http://www.peopleintomusic.com/.

martes, 9 de septiembre de 2008

Recuerdos en fa sostenido

¿Acaso tienen que venir científicos a demostrar eso de que la música es el más potente de los instrumentos evocadores de recuerdos? Parece que sí o, al menos, eso decía la prensa esta mañana. (Aunque creo que a estos científicos se les les adelantó Irving Berlin, con eso de “la canción ha terminado, pero la melodía todavía persiste”)

Por cierto, sería curioso comparar nuestras bandas sonoras músico-vitales. ¿Has cambiado últimamente de número 1? Más adelante, quizá diseñe mi top ten. Mientras tanto, pensaré en pasarme por la web para que me estudien, pero se lo pondré fácil: si hablamos de acordes, el mío es fa sostenido…


RECORDANDO CON BEATLES

ELMUNDO.ES
MADRID.- "'I want to hold your hand' era lo que sonaba la primera vez que bailé con el que sería mi marido. [...] Cada vez que la oigo, vuelvo a sentir aquella emoción". ¿Tiene recuerdos como este, momentos adheridos de forma indeleble a los acordes de una canción de Los Beatles? Si la respuesta es afirmativa, sepa que un equipo de científicos británicos está muy interesado en ellos.

A través de una web, http://www.magicalmemorytour.com/, estos investigadores de la Universidad de Leeds llevan recopilados alrededor de 3.000 testimonios de este tipo, procedentes de personas de 69 nacionalidades diferentes. ¿Su objetivo? Analizar cómo la música puede ayudar a rememorar más fácilmente periodos del pasado.

Según su hipótesis, la existencia de un vínculo entre la música y determinadas sensaciones positivas podría explicar por qué algunos acordes son capaces de despertar nuestra memoria.

La investigación explora el funcionamiento de los recuerdos autobiográficos, aquellos formados por eventos de nuestras propias vidas que nos ayudan a componer una idea sobre nosotros mismos.

La banda sonora de una vida
Para llevar a cabo su trabajo, aún en proceso, los investigadores invitaron a la gente a relatar un recuerdo relacionado con Los Beatles. Durante 6 meses, han recibido testimonios que, por ejemplo, contaban un primer beso, las sensaciones de una fiesta de verano o cómo un ser querido tarareaba su canción preferida.

Al analizar los primeros datos, que serán presentados esta semana en el Festival que la Asociación Británica para la Ciencia celebra esta semana en Liverpool, los investigadores hallaron que la gran mayoría de los recuerdos eran positivos y que la gente era capaz de rememorar estos episodios de una manera muy vívida (podían describir con precisión olores, formas, colores, etc).

'She loves you' resultó ser la canción más evocadora, aunque de momento, los investigadores desconocen si se debe a que ciertos tipos de música son más efectivos para hacer que los momentos se conviertan en imborrables.

martes, 22 de julio de 2008

Música. Sólo música

“Como un extranjero no siento ataduras del sentimiento…” (Franco Battiato)

Cinco hadas rockeras, un pianista virtuoso, un guitarrista sexy y su voz: el combinado perfecto para que sorpresa y perfección se den la mano. Gracias a nueve músicos y una voz. Que sí, que la música puede sorprender, por encima de absurdos prototipos de rock-poperos que ni rock, ni pop… ni una letra que diga algo más que estupideces en rima asonante. Más bien, un vuelta de tuerca más en esa mezcla de músicas del mundo y canción italiana envuelta en pop y rock. ¡En rock!

Es increíble. Normalmente, cuando me enfrento a escribir sobre un grupo, sobre un disco, sobre un concierto, las palabras fluyen y fluyen. Esta vez me quedé en blanco porque hay sensaciones que no se escriben. Que no deben escribirse. No hubo charleta ridícula entre canciones, ni chistes malos, ni hubo larga e innecesaria presentación de la banda… Ni si quiera hubo espantosos saltos sobre el escenario. Sólo hubo música. Perdón, MÚSICA.

"Vivir no es muy complicado, si puedes renacer después y cambiar varias cosas... Las frivolidades y tanta estupidez...". Pues eso, nada más que añadir.