Aún hay muchos que creen en los cuentos de hadas. Otros prefieren simplemente lanzarse a la búsqueda del “y fueron felices para siempre”. También los hay nostálgicos, que acumulan historias que empiezan por “Erase una vez” y creen en príncipes azules, animales que hablan, personas absolutamete buenas o perversamente malas o incluso confían en que los sueños se conviertan en realidad con el chasquido de dos dedos.
Los demás también vivimos –aunque no nos demos cuenta-
rodeados de cuentos. Los que nos cuentan en el día a día. Unos, para que trabajemos más, otros para que estorbemos menos, algunos para conseguir favores... Lamento comunicar que estamos rodeados de cuenta-cuentos rutinarios. Auténticos expertos. Algunos, reconozcámoslo, pueden ser peculiares e incluso divertidos. Hace poco conocí a uno de esos divertidos “cuenta-cuentos”. Era cubano, y comenzó su cuento diciendo algo así como “Corassón, yo llegué aquí hase algo más de un año...”. Ese cuento, como muchos, terminaba diciendo... “yo digo ‘mi amol’ sólo después de darte un beso”. Cuentos, cuentos y más cuentos.
rodeados de cuentos. Los que nos cuentan en el día a día. Unos, para que trabajemos más, otros para que estorbemos menos, algunos para conseguir favores... Lamento comunicar que estamos rodeados de cuenta-cuentos rutinarios. Auténticos expertos. Algunos, reconozcámoslo, pueden ser peculiares e incluso divertidos. Hace poco conocí a uno de esos divertidos “cuenta-cuentos”. Era cubano, y comenzó su cuento diciendo algo así como “Corassón, yo llegué aquí hase algo más de un año...”. Ese cuento, como muchos, terminaba diciendo... “yo digo ‘mi amol’ sólo después de darte un beso”. Cuentos, cuentos y más cuentos. Creemos no ser ingenuos cuando nos cuentan un cuento pero lo somos. Reconozcamos que lo hemos sido desde que creímos que el cuento de Caperucita, el de Blancanieves o el de Cenicienta eran en origen tal cual nos lo contaron. Dicen que el cuento real era más duro o incluso ‘gore’. Así lo recogía hace poco un artículo del diario 20 Minutos del pasado 10 de marzo. Con ayuda del libro “Los dueños de los sueños”, de Jesús Callejo, este artículo reflejaba las muertes macabras, mutilaciones y sangrientos castigos que existían en la primera versión de los cuentos más clásicos. Os cuento algunos ejemplos que publicaban:
- BLANCANIEVES: La ingenuidad que nos vendieron no ha debido de ser tal, ya que se cuenta que esta dulce joven, una vez casada con su príncipe, decide vengarse de la reina por intentar asesinarla: “Habían puesto ya al fuego unas zapatillas de hierro y estaban incandescentes. Tomándolas con tenazas, la obl
igaron a ponérselas, y hubo de bailar con ellas hasta que cayó muerta” (Hermanos Grimm). - CAPERUCITA ROJA: Aunque a nosotros ha llegado un “lógico” final, como que el cazador mata al lobo, Perrault decía que la protagonista muere porque “el malvado lobo se echó sobre Caperucita Roja y la engulló de un solo bocado”. Según la versión de los hermanos Grimm, “la abuela y Caperucita fríen al lobo en una caldera de aceite”. Según el artículo de 20 Minutos, otras versiones dicen que el lobo obligaba a Caperucita a comer carne y beber sangre de la abuela. Lo más curioso es que en la versión de Perrault, éste incluye una moraleja para las “doncellas, en especial, las señoritas bien hechas, amables y bonitas” sobre los peligros de hablar “con lobos complacientes” que “las siguen hasta las casas y callejuelas”. (Parece que hay moralejas que siguen teniendo vigencia...)
- CENICIENTA: La versión de los hermanos Grimm poco tiene que ver con los ratoncitos de Disney, la hermanastra no tan mala y la pureza. Al parecer, la madrasta cortó los dedos y los talones de sus hijas para que les encajase el zapato. Pero el príncipe las descubre “al ver correr la sangre”. Al final, las palomas de Cenicienta (esos lindos pajaritos que nosotros veíamos en el film de Disney construyendo un vestido) pican a las hermanastras en los ojos dejándolas “ciegas para toda su vida”. (Por perversas... cieguitas para toda la vida)
- LA BELLA DURMIENTE: En este cuento de Perrault, el príncipe azul descendía de una familia de Ogros y, su madre, cuando veía a los niños, sentía ganas de devorarlos. “Quiero comerme a mi nuera –decía- en la misma salsa que a sus hijos”. (Vaya, parece que hay que estar seguro de la familia con la que emparenta uno...).
- PULGARCITO: Según el artículo, Pulgarcito cambió las gorras de sus hermanos por las coronas de las hijas del Ogro, que “se dirigió a la cama de los niños, armado de su cuchillo para degollarlos a todos” y comérselos. Pero “al palpar los gorros, les cortó a todas la cabeza” (a sus hijas).
- LA SIRENITA: Que muchos se olviden de la dulce Ariel de dibujos animados que bebe una pócima que sólo la convierte en una mudita adorable. En la versión de Andersen, la Sirenita sólo puede convertirse en mujer si bebe una pócima que la hace sentir como si caminara sobre cuchillos todo el tiempo.












